
La Fiscalía acordó con General Motors el pago de 900 millones de dólares para evitar que se lleve a juicio a ningún trabajador, y para que se posponga durante tres años el proceso contra la automovilística. La cuantía ha quedado un 25% por debajo del récord que supuso el año pasado el desembolso de Toyota por el Pedalgate, que ascendió a 1.200 millones de dólares. El acuerdo no ha contentado a los familiares de las víctimas.

Más de 2,6 millones de coches tuvieron que ser revisados por este problema de diseño en los bombines de las llaves de contacto, principalmente el Chevrolet Cobalt y el Saturn Ion. Y se considera que el defecto de diseño en los bombines fue la causa de 124 muertes en Estados Unidos.
Tabula rasa para el gigante de Detroit

De hecho, la buena predisposición de la General Motors presidida por Mary Barra ha sido uno de los puntos que más ha tenido en cuenta la Fiscalía, que destaca la agilidad de la negociación: les ha llevado 18 meses, frente a los cuatro años que pasaron el caso de Toyota. A nadie se le escapa, sin embargo, que las formas también han sido diferentes en este caso. Si con Toyota el anuncio de la cuantía se realizó casi como una declaración de guerra, en el caso de General Motors el acuerdo se anunció con unas formas mucho más comedidas. Demasiado, teniendo en cuenta la gravedad de los hechos.

Todo indica que estamos ante una tabula rasa que no puede contentar a los demandantes que, en Estados Unidos y Canadá, exigen algo más del gigante automovilístico de Detroit, no sólo por las muertes causadas, sino por un problema adicional al que se enfrentan ahora: la depreciación en el mercado de ocasión de los coches marcados por el escándalo de los bombines defectuosos. Lejos de cerrarse, este caso puede seguir abriendo heridas durante mucho tiempo.
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