
Según la EPA, este es capaz de detectar si el coche está pasando un test de emisiones en laboratorio y desactiva en tal caso los controles encargados de entregar la información de emisiones de agentes contaminantes del vehículo. Esto afectaría a unos 482.000 unidades comercializadas entre 2009 y 2015, todas con motores turbodiésel 2.0. Los fabricantes implicados se excusan señalando que se trata de un defecto no previsto, aunque un portavoz de la empresa ha admitido que hubo manipulación.

En el caso de los niveles de contaminación de los modelos alemanes, las mismas fuentes dicen que estarían contaminando hasta 40 veces más de lo que marca la norma en Estados Unidos. Los modelos de los que hablamos son los Volkswagen Jetta, Volkswagen Beetle, Volkswagen Golf, Volkswagen Passat y el Audi A3.
¿Y qué pasa con Europa?

En las próximas semanas comprobaremos si el caso estadounidense sirve de ejemplo en otras partes del mundo en la que los fabricantes gustan de utilizar estas artimañas. 40 veces lo niveles permitidos es, sin duda, una exageración muy perjudicial para la salud de nuestros pulmones, y en Estados Unidos este tipo de jugadas suelen salir caras. Por ejemplo, Ford tuvo que compensar a 200.000 conductores no hace tanto por un no tan grave error en la homologación de sus consumos. Veremos en qué queda la cosa para los alemanes.
Dicha caída en bolsa ha afectado también a otras marcas del grupo VAG, como Porsche, que descendía más de un 17% al ser el mayor accionista del grupo. Pero no solo fábricas internas, sino que el mercado automovilístico alemán se ha visto boicoteado por culpa del incidente de Volkswagen, con caídas para BMW y Daimler del 1'5% o para Continental con un 3'33%. Veremos como evoluciona la historia.
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