
Como parte de una investigación sobre las distracciones de
los conductores el psicólogo John Voevodsky desarrolló la tercera luz de freno.
Un elemento que formaba parte de su experimento para comprobar si todavía era
posible llamar la atención de los conductores cuando el vehículo que les
precedía frenaba.

El experimento duró 10 meses,
tras los cuales según los datos de Voevodsky aquellos taxis equipados con una
tercera luz de freno habían sufrido un 60 por ciento menos de alcances por
detrás que aquellos que circulaban sin esa tercera luz de freno, los del grupo
de control. Además los conductores alcanzados había sufrido menos lesiones y
también los daños y los costes de las reparaciones se habían reducido en tanto
los alcances a los taxis con la tercera luz de frenos habían sido menos graves.

Tal y como se recoge en Thank A Psychologist For Your Third Brake Light, el experimento reveló que por cada 1,5 millones de kilómetros recorridos la
tercera luz de freno había evitado 5,4 alcances, 1,02 taxistas heridos y 643
dólares en daños. Desde entonces la tercera luz de freno ha evitado unos
200 000 alcances, 60 000 heridos y 600 millones en daños, sólo en EE
UU. En EE UU la tercera luz de freno es obligatoria desde 1986. En España la
tercera luz de freno todavía es un elemento opcional aunque
dada su probada utilidad es común en los coches nuevos.
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