
Estéticamente, el nuevo Escape se inspira claramente de las formas del Edge. Adopta una calandra hexagonal, así como un nuevo capó y un parachoques delantero rediseñado. En la zaga, las modificaciones son también importantes, aunque menos evidentes. Los pilotos traseros son más pequeños y el portón es más liso, perdiendo el soporte de iluminación de matrícula. Al final, el conjunto tiene un aspecto menos recargado de líneas y nervios al mismo tiempo se me antoja más yanquí en su diseño.
Según Ford, no se han conformado con simples retoques estéticos, pues equipa nuevos cristales que mejoran el aislamiento acústico, mientras que los nuevos retrovisores generan meso ruido aerodinámico. Las tomas de aire y la calandra disponen de cierres activos para mejorar el aerodinamismo en beneficio del consumo y del aislamiento acústico.

Ford todavía no ha comunicado las características de la versión europea, pero todo indica que la gama de motorizaciones no debería verse alterada. En diésel, el 2.0 DCi seguiría con sus tres niveles de potencia, mientras que en gasolina se mantendrá la oferta del 1.5 l Ecoboost, en versiones de 150 y 182 CV.
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