
La denuncia busca una compensación por las
pérdidas que sufrieron los concesionarios por la caída del valor tanto de los
vehículos afectados que no han podido vender como de la marca Volkswagen. La demanda también acusa a Volkswagen de
favorecer de forma inadecuada a ciertos concesionarios y forzar a los
minoristas a llegar a acuerdos con una filial financiera de la compañía.

Volkswagen tiene la fecha límite establecida por
un juzgado federal del 21 de abril para alcanzar un acuerdo con los reguladores
sobre la reparación de aproximadamente 600.000 vehículos diésel que han violado
las leyes de contaminación del aire. Las ventas en Estados Unidos de Volkswagen se han
desplomado desde que las autoridades desvelaron en septiembre el escándalo de
las emisiones.

¿Recuerdas cuando Volkswagen vendía sus TDI
como Clean Diesel? En Estados Unidos lo tienen muy presente. Las
actuaciones de la Agencia de Protección Medioambiental contra Volkswagen
arrancaron, precisamente, de una promesa incumplida: la garantía de unos
niveles de óxidos de nitrógeno que, fuera de las pruebas estandarizadas, no se
cumplían. Y eso sólo fue el principio.

Mucho dinero, pero no sólo dinero
Los receptores de la compensación, cuya cuantía
aún no ha sido confirmada, serían los propietarios y arrendadores de vehículos
Volkswagen y Audi afectados por el fraude entre finales de 2008 y finales de
2015. La suma de la sanción por motivos medioambientales y la sanción por
posible fraude bancario ya se acerca a los 46.000 millones de dólares. Cuando
se dé a conocer la cantidad que debería pagar Volkswagen por publicidad
engañosa, lo más seguro es que todo acabe en algún tipo de acuerdo. Sería o eso, o dejar caer al 2,7 % del PIB
alemán.

De hecho, el punto del engaño es el que centra
ahora el debate en Estados Unidos. Los Volkswagen Passat, Jetta y Touareg, y
también varios modelos de Audi que ahora están marcados como fraudulentos, se
utilizaron como reclamos publicitarios durante años, y a menudo lo hicieron
apelando a los clientes con conciencia medioambiental. Unos clientes que,
por cierto, son altamente pasionales. Del amor al odio, en un simple pero firme
paso.
Las formas de la demanda son, en consecuencia,
duras con la automovilística.
Clean Diesel: de mito confirmado a mito cazado

Todavía quedan muchos episodios pendientes de
este pequeño gran culebrón que mezcla todo tipo de pasiones industriales. Hay
un componente de fidelidad, hay un componente de dinero, hay un componente de
salud, hay un componente de amor por la marca, incluso todo esto da para un
conflicto internacional entre potencias económicas. Sin duda, el día que
alguien compre los derechos para hacer de esta historia un thriller socioeconomicopolítico,
reventará las taquillas de los cines. Tiempo al tiempo. Mientras,
en Europa, nada. Pero eso ya era previsible.
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