
¿Qué ha cambiado, entonces, para que los de Clermont-Ferrand hayan destinado 12.500 m² a unas nuevas instalaciones que fabricarán estas ruedas en exclusiva? Michelin invertirá unos 50 millones de dólares en Piedmont, en la que será su décima fábrica en aquel estado y la decimosexta en Estados Unidos. ¿Cómo amortizará esa inversión en un producto que todavía no tiene un horizonte claro?
Michelin X Tweel, sin riesgo de pinchazos

Si observamos un Michelin X Tweel, veremos que está compuesto por un cubo rígido conectado a la banda de rodadura por medio de radios deformables de poliuretano, y que todo funciona como un conjunto. Desaparece la idea de neumático y llanta, por separado, y se pasa a considerar la rueda como un todo, con puntos de elasticidad y puntos de rigidez calculados para mantener las funciones clásicas de una rueda al uso. Eso sí, con la ventaja de no tener que sufrir por un posible pinchazo.

El primero es un Tweel pensado para maquinaria industrial, y el segundo está concebido para tareas agrícolas. De las duras condiciones de uso que se les presuponen vendrá, en primera instancia, el dinero necesario para ver si los Michelin X Tweel tienen o no recorrido por delante más allá de estos campos de trabajo tan específicos. Y de los resultados, quizá, futuros desarrollos para otros terrenos.

Y será en aquella área donde se fabricará un producto que, según la firma francesa, está llamado a satisfacer el interés y la creciente demanda de los mercados. A saber cómo evolucionará esto, pero tampoco lo debió de tener fácil John Boyd Dunlop cuando le puso bandas de caucho a las ruedas del triciclo de su hijo y pensó que aquello podía ser un producto comercializable, o los hermanos Michelin cuando decidieron que aquellos tubos de caucho podrían ser desmontables para ser reparados.
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