
La empresa detrás de todo es London Taxi Company, que lleva dirigiendo el servicio londinense desde 1948. Ahora llega el momento de cambiar de marca y pasar a ser conocida como London Electric Vehicle Company. Para el que no lo sepa, esta empresa fue comprada en 2013 por el gigante chino Geely, que también son los dueños de Volvo. El nuevo coche será capaz de recorrer 112 kilómetros utilizando sus baterías, y en el caso de que estas se acabaran un motor de gasolina seguiría empujando al vehículo para conseguir una autonomía de 640 kilómetros.

Antes de terminar el año debería haber 150 de estos coches circulando por las calles de Londres. No es algo que les guste a ellos, es que el organismo de tráfico de la capital impone nuevas reglas: a partir del uno de enero de 2018, todos los nuevos taxis serán eléctricos, o capaces de emitir cero emisiones por el centro de la ciudad. Si a este medida le sumamos que los taxis londinenses solo pueden tener una vida máxima de 15 años, podemos decir que el último diésel en funcionamiento tendrá como fecha límite el año 2032. La inversión de Geely en LEVC es muy fuerte, 330 millones de libras para poner a tope una fábrica en Conventry que es capaz de producir 24.000 coches por año. La idea es no quedarse en Reino Unido y exportar su taxi más allá de las islas: 225 de ellos llevan destino Amsterdam.
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