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Marcas que no hacían coches en sus orígenes

En una entrega anterior estuvimos analizando el origen bélico y agrícola de algunas marcas de coches, y ahora toca explicar los orígenes más variopintos de otros fabricantes de automóviles. Es curioso cómo nos influye la educación a la hora de asociar ideas. Si le pregunto a mi padre o a mi madre por la marca Singer, lo primero que les vendrá a la mente son las llamativas máquinas de coser que había en casi todas las casas españolas la primera mitad del siglo XX. 
Sin embargo, si pronuncio el mismo nombre en una charla entre apasionados del motor, a todos se nos nubla el pensamiento con la imagen del mejor Porsche que uno puede comprar nuevo hoy en día. Precisamente de eso va la historia de hoy, de cómo una empresa puede pasar de fabricar máquinas de coser a coches sublimes, aunque en el caso del ejemplo citado no tengan nada que ver una y otra compañía, salvo las seis letras que forman su nombre.

La marca más antigua de coches no hacía coches
Para muchos es toda una sorpresa descubrir que la marca de coches más antigua no es Mercedes-Benz sino Peugeot. ¿Cómo es posible que Peugeot exista desde hace más de 200 años si el coche apenas ha cumplido un siglo y medio? Pues muy sencillo, porque la marca francesa tuvo un origen muy distinto. En efecto, cuando Jean-Jacques Peugeot funda en 1810 la compañía con su apellido su industria se dedicaba a la fabricación de pequeños molinillos para el café o la pimienta y la sal, herramientas, sierras y útiles de precisión. La familia Peugeot nunca destacó por su audacia, aunque sí hay que reconocer su buena intuición a la hora de explorar nuevos mercados. Puede que hoy nos parezca evidente que hay muchos clientes a los que vender bicicletas y coches, pero muy pocos se atreverían a apostar por ello hace 150 años. 
En 1885 la bicicleta era algo revolucionario e incluso temido por algunos transeúntes, pero Peugeot supo ver el potencial de aquella magnífica máquina que permitía a una persona recorrer distancias mucho mayores y a más velocidad que a pie. Pasar de los molinillos de café a las bicicletas parece un salto accesible, pero conseguir que saliese por las puertas de su factoría el primer automóvil Peugeot en 1889, sólo tres años después de fabricar su primera bicicleta, sí es algo digno de mención. En honor a la verdad, se trataba de un vehículo muy sencillo y cuyo movimiento era generado por un anticuado motor de vapor. El primer coche con motor de combustión fabricado por Peugeot no llegaría hasta 1890, cuando sale a la calle el Peugeot Type 2 equipado con un motor de patente Daimler. Desde entonces hasta ahora, la marca francesa no ha dejado de lanzar nuevos automóviles al mercado, ni bicicletas, ni molinillos para la pimienta o el café.
La evolución de las especies y las marcas japonesas
Charles Darwin enunció su Teoría de la Evolución basándose en la observación de las especies que habían logrado sobrevivir en las Islas Galápagos gracias a su hábitat, que quedaba aislado de otros depredadores. Algo similar ha sucedido con las marcas de coches japonesas. Japón es una isla y, al igual que las Galápagos, su aislamiento provocó que su sociedad evolucionase de una manera muy particular, manteniendo una estructura prácticamente feudal hasta los albores del siglo XX. En medio de una sociedad tan tradicional, algo tan cotidiano como un telar era lo máximo en tecnología y, precisamente, el germen de muchas de sus marcas de coches.
Kiichiro Toyoda dijo en 1939: De ahora en adelante, quiero que unáis vuestros esfuerzos para encontrar la manera de fabricar vehículos de calidad superior. Esta frase fue sentenciada seis años después de que la compañía Toyoda Automatic Loom decidiese expandir su negocio y fundar la división automovilística Toyota Motor Corporation. Fundada en 1926 por la familia Toyoda, la Automatic Loom era uno de los fabricantes de máquinas de coser y para la industria textil más potente de Japón. Teniendo en cuenta la idiosincrasia de la sociedad japonesa en aquellos años, con la agricultura y la pesca como principales fuentes económicas, una industria de maquinaria textil como Toyoda era lo máximo en tecnología y uno de los gigantes industriales de todo el país.
Cuando 10 años más tarde se deciden a fabricar vehículos para modernizar una nación en la que el transporte se hacía básicamente en pequeños carros tirados por personas, Toyoda considera oportuno cambiar la d por una t en el nombre de su compañía para diferenciar más claramente familia y negocio. Una vez más tenemos un ejemplo en el que una marca de automóviles no surge así, sin más, sino que lo hace partiendo de otra compañía cuyo negocio está más o menos vinculado con la producción de piezas en serie y de precisión. Puede que una máquina de coser nos parezca algo sencillo, pero creedme si os digo que hay mucho ingenio y tecnología en sus entrañas. Os animo a que veáis alguna animación o vídeo de cómo funciona el mecanismo de su aguja para que os deis cuenta de que, a otra escala, es mucho más complicado que un simple pistón haciendo girar un cigüeñal.
Los orígenes de Suzuki son casi idénticos. También nació como un fabricante de maquinaria para el sector textil, prácticamente la única industria existente en Japón hace apenas cien años. Fundada en 1909, la Suzuki Loom Works decide expandir su negocio hacia la fabricación de automóviles en los años 30, pero las vicisitudes provocadas por la Segunda Guerra Mundial hicieron que abandonasen esa línea productiva. La crisis del algodón de 1951 provocó pánico en la compañía y de nuevo se vio obligada a diversificar su negocio, retomando la fabricación de automóviles abandonada durante la contienda. La posguerra también condicionó bastante las necesidades de transporte en Japón, que precisaba más vehículos económicos, simples y eficaces, que pesados automóviles.
Bicis, motos y coches: la línea evolutiva
Dicen que los japoneses no tienen iniciativa propia y que se dedican a copiar lo que otros inventan. Sinceramente creo que esto es el típico argumento de charla de bar, pero sí es cierto que, en el caso de Suzuki, se limitaron a copiar la idea de Sohichiro Honda: poner un motor a una simple bicicleta. El lanzamiento al mercado en 1952 de este bicimotor de Suzuki fue el comienzo de la compañía que hoy conocemos como una de las pocas que producen vehículos de dos y cuatro ruedas. El invento de Sohichiro Honda fue fruto de la necesidad de ofrecer a los japoneses un medio de transporte económico de adquirir, fácil de mantener y barato de alimentar. Estamos en 1948, apenas 3 años después de haber sufrido los dos únicos bombardeos nucleares de la historia de la humanidad. 
Con una red de carreteras precaria y sin apenas recursos naturales, una bicicleta con un pequeño motor era lo ideal, y parece que la historia se repite, aunque la tecnología cambie y los motivos también. De una bici motorizada a motocicletas cada vez más grandes y por fin a los automóviles, Honda fue creciendo y expandiendo su negocio al mismo ritmo que la sociedad japonesa se fue modernizando, siempre coherente con las necesidades del momento.
Corchos y coches para reflotar una empresa
El caso de Mazda es algo más pintoresco. Para empezar, sus orígenes fueron con otro nombre bien diferente: la Toyo Cork Kogyo, otra de las pocas industrias existentes en el Japón de finales del XIX y comienzos del XX. Esta compañía se dedicaba a la manufactura y transformación del corcho. Poco después del fin de la Primera Guerra Mundial un terremoto hace temblar medio país y los cimientos de la compañía. Ésta queda marcada por la llegada de numerosos camiones y vehículos motorizados enviados para la reconstrucción de Tokio, por lo que en 1927 comienza a asentar las bases de su nueva compañía, destinada a la fabricación de automóviles. El cambio de negocio es tan grande que incluso se toma la decisión de renombrarla, naciendo Ahura Mazda y su primer automóvil, el Mazda Da presentado en 1931.
En cuanto a las otras tres grandes marcas japonesas de coches, sus comienzos fueron algo más normales. Tanto Mitsubishi como Subaru surgieron como una nueva rama de un grupo empresarial, dedicado al transporte naval la primera y a la famosa fábrica de aviones militares Nakajima la segunda, que al final de la guerra fue despedazada por los aliados y refundada como Fuji Heavy Industries. Nissan, por su parte, sí puede presumir de haber sido una de las pocas compañías que nació por y para fabricar coches, aunque tuvo varios nombres antes de ser refundada como Nissan en 1934.

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