
El proyecto de reglamentación sobre la homologación de vehículos que han pactado los ministros de Industria de la Unión Europea se aleja así de la filosofía que se venía aplicando hasta ahora, según la cual un vehículo podía evaluarse una sola vez para obtener la conformidad, y con engañar el control en esa única ocasión ya lo tenía todo hecho.
A la sombra del Dieselgate de Volkswagen

Y ese sistema de homologación creíble y a prueba de fraudes pasa por evaluar los vehículos en su hábitat natural, en la carretera, fuera de los rígidos parámetros que rigen en un banco de laboratorio, y que se pueden trazar fácilmente para eludir los controles, tal y como demostró el engaño de Volkswagen, y quizá no sólo de Volkswagen.

Sin embargo, la Unión Europea quiere desterrar la imagen de pasividad que la rodea desde que se destapó en Estados Unidos el escándalo de Volkswagen. Impulsando que se midan las emisiones en condiciones reales, busca aprovechar este cambio para promover una modificación no menor: que cada Estado miembro analice lo que hacen sus fabricantes.
Garantizado por muestreo irrisorio

Con el nuevo reglamento de homologación, la Comisión Europea podrá controlar y sancionar a los infractores. También se prevé que sean los Estados miembros los que analicen los vehículos que estén en sus territorios. La mala noticia es que se analizará una muestra absolutamente insignificante del parque automovilístico europeo. La idea es que cada país verifique al menos uno de cada 50.000 vehículos matriculados. En España, por ejemplo, bastará con evaluar 29 vehículos al año. Trasladando el dato al caso Volkswagen, de los casi 3,5 millones de vehículos que vende cada año el fabricante alemán en Europa, sólo 70 unidades pasarían bajo la lupa.

Muestra de estos requisitos y como estrategia de compromiso y transparencia quedan acciones como las llevadas a cabo por PSA, que ha publicado el consumo en carretera de sus vehículos Citroën, Peugeot y DS con condiciones lo más realistas posibles, lo que evidencia la diferencia respecto a la homologación del ciclo actual. También entra dentro del mismo pliego normativo la modificación sobre cómo se pagan los controles de homologación. La idea es evitar que sean los fabricantes quienes pagan a los laboratorios, y potenciar que los Estados cobren a los fabricantes una tasa con la que se sufragarían los costes de los prestatarios del servicio. De esta manera, confían en eliminar toda sombra de sospecha sobre la relación entre evaluadores y evaluados.
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