
De hecho, Ford lo denomina el SUV más tecnológicamente avanzado de su gama. Veamos las principales novedades. Quizá de lo más interesante sea la nueva motorización diésel, un 2.0 litros EcoBlue biturbo con una potencia de 238 CV que promete unas prestaciones más cercanas a las de un bloque de mayor cilindrada. De serie se combina con una caja de cambios automática de ocho velocidades y tracción total inteligente, aunque de momento no se han ofrecido cifras de prestaciones. Sabemos, eso sí, que el motor incorpora un turbo de alta presión de pequeñas dimensiones y otro de baja presión, más grande, que trabajan en serie a bajas vueltas.

Destacan elementos en el color de la carrocería, un acabado negro para el marco y las lamas de la parrilla, llantas de 20 pulgadas, salidas de escape dobles y cromadas, asientos delanteros en cuero Miko-Dinamica con diez ajustes eléctricos, volante de cuero, pedalera de aluminio, techo de color negro o alfombrillas sintéticas con aspecto de terciopelo. Además, el ST-Line goza de una dirección de asistencia variable y una puesta a punto específica para la suspensión, que aunque no se detalle imaginamos reduce el balanceo de la carrocería para una mayor precisión en el apartado dinámico.
Mucha más tecnología

Por otra parte, el renovado Ford Edge estrena en el viejo continente tres nuevos sistemas de asistencia y seguridad basados en la información de la cámara de vídeo y el radar, por lo que ahora su oferta en este sentido es bastante amplia. Ahora incluye freno post-colisión, asistente evasivo de dirección, control de crucero adaptativo con función Stop&Go y asistente de centrado en el carril, asistente de ángulo muerto, asistente precolisión, detección de peatones, reconocimiento de señales, alerta de tráfico cruzado, asistente de aparcamiento o sistema de iluminación delantera adaptativa, entre otras cosas.
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